Microrrelato: Vena sentimental. La humanidad recobrada.

Una historia sobre el amor revivido a través de la memoria.

Un microrrelato sobre el hombre de carácter duro que recupera la memoria de una vida sentimental pasada, recobrando su humanidad.

El tiempo estaba un poco gris. Sin embargo, se animó a salir a la calle, pensativo como estaba. Hombre por lo común frío, le había entrado cierta vena sentimental, absolutamente inesperada, aquella tarde de domingo que, en otras ocasiones, ya le hubiera llevado a pensar en el trabajo a la vuelta de la esquina con la llegada del lunes. Se preguntaba si, cuando la amaba por las mañanas, tanto tiempo atrás, había sido capaz de transmitirle todo su amor, si ella supo que, más allá de la masculina coraza de un carácter duro, estaba lleno de ternura por dentro gracias a ella.

Tantos años habían pasado y él no había recaído en el sentimiento romántico. Desengañado tanto tiempo, quizá porque por entonces se sintió vulnerable en su masculina frialdad, arquetipo de tiempos de antaño, hoy empezaba a notar una emoción viva en su interior. La fuerza de la memoria hizo presente la figura de aquella extraña amante a través de la ideación de la mente y, con los párpados cerrados y los ojos del corazón muy abiertos, sintió un escalofrío recorrer su interior. Ante sí escuchó el gorjeo de pájaros y creyó que eran ángeles. Abrió los ojos y vio que no eran más que un grupo de cotorras y palomas que se habían posado ante su figura. Miró al cielo y vio un claro. Le cayó una lágrima y se dio cuenta de que, ante aquellos pájaros, había recobrado su humanidad.

Microrrelato: Un mundo paralelo. Historia de un inmigrante.

El paraíso de un inmigrante.

Un microrrelato sobre el inmigrante que se enfrenta al cotidiano subsistir para, finalmente, hallar la paz en un mundo paralelo.

Despertarse un día gris y salir, por necesidad, a la intemperie. Recorrer a pie zonas despobladas con el ánimo cada vez más decaído, a juego con ese día nublado tan poco digno de gracia.

Con las piernas algo cansadas ya de un deambular constante, entre contenedores de basura y papeleras de donde sacar algo de ropa o, con un poco de suerte, metal que malvender, saca fuerzas de flaqueza en su cotidiano enfrentarse a las desventuras con que le ha obsequiado el destino. Cuando proyecta la mirada hacia un bonito parque que atisba a través del hueco de una puerta metálica, por donde se anima a adentrarse.

Allí descubre un mundo paralelo, donde la gente sonríe al prójimo sin necesidad de que haya confluencia de intereses, le dirige la palabra sin atender a clases sociales, sin distinguir entre ropas harapientas y tipos señoriales. Un parque en el que va saliendo el sol y los ánimos se alegran. Es el paraíso que soñó en su deambular cotidiano este inmigrante que, perdida la conciencia de la vida mundana cuando su cuerpo yace exánime sobre el asfalto de una calle cualquiera, vive ya en un más allá.

Pensamientos: Sueños. Ilusiones y autoconocimiento.

Una reflexión sobre lo que significan los sueños para nosotros.

Pensamientos en torno a lo que son para nosotros los sueños, que atraviesan las sombras de la noche pero también la vigilia, ofreciéndonos ilusiones y, por otro lado, autoconocimiento.

Sueños son lo que uno vive en nocturno descanso, atravesado el límite que se impone en los horizontes de la vigilia. Sentir que se vive, y quizá vivir cayendo en la cuenta de que no ha hecho falta una experiencia material. Que la vivencia anímica ya de por sí le ha servido a uno para enriquecer su bagaje personal. En un camino, el de las sombras  de la noche, que nos otorga una certera luz. Regalando una chispa más de energía a nuestra conciencia, que, con ello, avanza en la aventura del autoconocimiento revelado.

Sueños son, también, zonas oscuras que no quisiéramos ver pero se nos muestran en el momento de la guardia baja. Son la huida de lo real que retrasa y retrasa el despertar hasta caer en la inactividad. Sueños, en fin, son lo que vivimos en la vigilia cuando nos abstraemos en nuestra personal imaginación: proyecciones de realidades futuras o, simplemente, proyecciones de nosotros mismos. Sueños que, a veces, se convierten en realidades y otras veces nos dan el disgusto de la decepción de una ilusión demasiado distorsionada.

El sueño es el complemento de la vigilia, la otra cara de la moneda. Es descanso y es placer. También puede ser sufrimiento. Sueño es algo en lo que no me miento, que me descubre verdades ocultas; pero sueño también es ese velo que corro sobre mí mismo. Soñar despierto no equivale a soñar dormido y, para tener conciencia durante el día, solemos olvidar la noche. Días y noches, sueño y vigilia. Ilusiones y autoconocimiento. Vivir en la actividad y el descanso reconstituyente. Al final, todo es un ciclo.

Reflexión: Un homenaje. En el día mundial de la poesía.

La inspiración

Mientras yo me he centrado en la narrativa, he conocido gente anónima que se ha lanzado a escribir poesía, sin más referentes que unos cuantos libros leídos y una vida a la que tomar el pulso. Mi homenaje a ellos.

Hace falta valentía para lanzarse a escribir poesía en tiempos en que, el mero hecho de escribir literatura, ya es un medio difícil para ganarse el pan. He conocido a gente, poetas sin una celebridad de la que vanagloriarse, que, sin una especial cultura, afinaron su sensibilidad para el verso con el transcurso de la vida. Yo escogí el camino de la narrativa, y rara vez he escrito un poema.

Sin embargo, recuerdo el hondo calado que dejó en mí la poesía espiritual de San Juan de la Cruz, en especial su Cántico espiritual o algún pasaje en que nos revela sus éxtasis. Juan Ramón Jiménez me reveló, con el Diario de un poeta reciencasado, que la poesía del siglo XX también tenía sus cumbres en el territorio español. He navegado por páginas de poetisas atormentadas o poetas malditos, pero no soy ni mucho menos un iniciado.

Quizá será eso, que una de las cuentas pendientes que tengo con la literatura es la poesía. A veces he añorado la posibilidad, el disponer del recurso para poder entremezclar poema y prosa en una misma historia y, sin duda, con el paso de los años se me va intensificando el deseo de leer a ciertos autores muy concretos, principalmente de ese siglo XX que tanto me atrae en el terreno de la literatura.

Mi homenaje a esas personas que mencionaba al principio: seres valientes y anónimos que se atrevieron a seguir su vocación en la intimidad de su escritorio, sin más referentes que unos cuantos libros leídos y una vida a la que tomar el pulso.

Microrrelato: El círculo. Historia de una odisea.

Una historia de amor, amistad y reencuentros.

Un microrrelato sobre el viajero errante que, tras la odisea vital en busca de la libertad, la verdad y la felicidad, regresa al pueblo para reencontrarse con su juventud: sus amistades y el amor con el que se vuelve a ver cerrando el círculo de la vida pasada fundida, ahora, con el porvenir en un presente atemporal.

 

El río se erige imponente, caudaloso pero calmo. El viajero errante, estupefacto ante la naturaleza que invade su mirada. Su teléfono móvil ha agotado la batería, pero a él aún le quedan energías. Tal es la fuerza con que busca conquistar su destino. Bebe agua fría del río salubre para engañar al hambre, y retoma el paso. Árboles centenarios se alzan hasta un cielo de copas verdes, en las que intuye animales saltarán de rama en rama como ángeles de la esfera salvaje. Este virtuoso, anhelado por quienes una vez le comprendieron, vuelve en busca de sus seres queridos, jefes de antaño, para entregarles el cariño de un conocimiento claro adquirido a través de la odisea vital.

El bosque atrás, ya identifica en el horizonte el pueblo clásico donde creciera. Casas grandes, hospitalidad recobrada por una memoria que se ha despojado de la tela de araña de un laberinto hacia el humanismo, la libertad, verdad y felicidad. Un último episodio queda para cerrar el círculo de la vida plena: el hombre se reencuentra con su juventud, estrecha la mano de las amistades que quedaron atrás y, por fin, se funde en un clímax de felicidad con el amor a quien prometiera llenar de significación aquel estado alienado de vidas obnubiladas, al precio del tiempo de distancia: los años, la imposibilidad de la reproducción en una descendencia común. Pero el premio fue la creación de una luz renovada para un mundo mejor y el encuentro en forma de sentimiento excelso.

La palabra de cercanía de ella, la caricia, el lecho común y la convivencia por fin devolvieron la felicidad al héroe errante y el círculo se cerró en aquel mundo que ya era la vida pasada fundida con el porvenir en un presente atemporal.