Recuerdos: Larga vida al pueblo. Volver a la infancia.

Aquí echo la vista atrás a los recuerdos rurales de mi infancia.

Aquí trato de los recuerdos que me trae el pueblo donde naciera mi padre, espacio de mis juegos infantiles.

El ambiente natural de los veranos de mi infancia definió una parte importante del carácter que se iba abriendo paso en la vida de forma tan temprana. Los animales, el entorno de campesinos, la vastedad de los espacios donde uno podía jugar, abrían de par en par el corazón del niño para hacer que su ser se expandiera.

El verano rural contrastaba con nuestra vida habitual urbanita, en la ciudad de Madrid. Era el pueblo donde nació mi padre aquel lugar mágico. Un lugar del que, con la llegada de la adolescencia, me fui desvinculando para, una vez acaecida la trágica pérdida de la figura paterna, precisamente herido de manera definitiva cuando se dirigía al lugar que le vio nacer, volver en una edad ya más madura. El lugar ha inspirado algunos de mis mejores textos, como Escapada, que podéis leer en la colección Hacia la musa. Relatos del amor perseguido. Tras unos cuantos años en que parecía ir decayendo en vitalidad, con la pérdida de sus habitantes y las tradiciones agrarias, vive un nuevo florecimiento que, esperemos, se prolongue en el tiempo. Larga vida al pueblo.

Microrrelato: Cuarenta primaveras. Sobre dos vidas unidas.

Breve narración que hace balance sobre una pareja ya en los cuarenta.

Microrrelato que echa la vista atrás a la relación de una pareja que, ya, entra en sus cuarenta primaveras.

Te digo que la manera en que te mueves me hace fijar los ojos en ti, en tu cadera y esas piernas tan ceñidas por el vaquero ajustado. Como si el tiempo no hubiera pasado por nuestras vidas y esta relación estuviera en sus más tiernos inicios, como si los otoños no hubieran sucedido a tantos veranos. Pensando que, con nuestras cuarenta primaveras a cuestas, transitamos la mitad de nuestras vidas aprendiendo a vivir, a mirar, a respirar… a defendernos del prójimo… y que la otra mitad, hasta llegar al día de hoy, la hemos recorrido juntos. Juntos como caminamos hacia el fututo senil, habiendo dejado el fruto de nuestra pequeña prole, que crece y se consolida en el camino hacia una vida regida por su propio timón.

Ralentizas tu paso y, ahora, es tu brazo el que se deleita rodeando mi cadera, acompañando el gesto tierno de una voz leve y  melodiosa que me hace sonreír cuando ya vamos llegando al restaurante para celebrar ese día tan señalado, que no es un aniversario de bodas pero sí recuerda, de manera fija, aquel día en que, ingenuos del porvenir, iniciamos nuestro juvenil noviazgo.

Microrrelato: Vivían en la ciudad del mar. Un amor.

Historia de un amor que surge en una ciudad costera y perdura a lo largo de la vida.

Microrrelato sobre una pareja que descubre su amor en la juventud y ve cómo, con el transcurso de la vida, este supera todas las fronteras.

Vivían en la ciudad del mar. Se lo dijeron tantas veces porque, extraños ambos a aquellas tierras antaño, fue allí donde se conocieron. Cruzaron sus miradas en un aula de la universidad, cuando él ya estaba concluyendo sus estudios y ella impartía ya sus primeras clases. Sí, los ojos de la profesora desde la tarima confluyeron con los del estudiante aventajado y rebelde en los bancos de los alumnos. Hacía tanto tiempo de aquello, cuando aún no habían descubierto las fluctuaciones de su relación, cuando tuvieron el primer despertar a la vida adulta a través de la conciencia del enamoramiento.

Y, sin embargo, tras las infidelidades de él, tras el nacimiento de la inquietud sentimental hacia la mujer en ella, crisis y heridas de las que resurgió su amor con la solidez de las lagunas cubiertas, de los misterios resueltos, confluían de nuevo, paseando en atardeceres mágicos por el puerto de Barcelona y rehacían el rompecabezas de su relación. Porque, al fin, sabían que lo suyo trascendía tentaciones terrenas y se lanzaba a la magia de lo inexplicable. Más allá de toda ciencia, hermanado con una magia de la que no tenían conocimientos y sí vivencia. Eran, ella, eran, él, una pareja completa.

Pensamientos: La virtud. Un proyecto de vida.

Reflexión del autor sobre su búsqueda de la virtud.

Pensamientos en los que, a través de la alteridad, el autor reflexiona sobre la virtud: madurez y sabiduría cuya admiración nació en la juventud.

Quizá, en la otoñal mañana de este verano extraño, uno tome el camino recto hacia la virtud. Se dice que esta es aburrida, que obstruye la diversión y nuestra característica picaresca. Pero, pienso yo repentinamente, abre el corazón.

La gente camina en calmada lentitud por la calle, con un aire de vacaciones veraniegas. Despreocupada. Tú, descubres que lo bueno, por sentido común, tiene toda la probabilidad de cobrar forma de madurez y sabiduría. Aquella misma sabiduría que admirabas en tu juventud. Descubres que los bienes materiales constituyen una fortaleza en la que cobijar el cuerpo y alimentar el espíritu con calmada tranquilidad. Pero también sabes que capitalismo abriga una trampa que ciega: la ambición, la prepotencia o, simplemente, una suspicacia ante quien no tiene lo que has alcanzado con el sudor de tu frente.

La gente transita calmada, a paso lento por la calle fresca en este verano extraño, y tú te empiezas a ver, de nuevo, centrado. Como si estuvieras empezando a cerrar el círculo que se empezó a dibujar cuando, con profunda clarividencia de juventud, te planteaste el proyecto de vida que seguirías durante tantos años.

Microrrelato: Hacer balance. Una oportunidad.

Una historia que hace balance de la pandemia como una oportunidad.

Un microrrelato que es a su vez una reflexión sobre el arte de hacer balance de una pandemia que va quedando atrás: el momento de repensar la vida y la naturaleza.

Alza la mirada, observa tu entorno. Busca el encuentro. Un largo periodo de desconexión. Carencias afectivas: pérdida de la socialización: vida en pandemia. Y va llegando un resurgir. Una vida que se quiere complementar con el ser cercano, notar el tacto de su piel, la humedad de su boca, el roce de sus formas. Reencontrarse con la caricia perdida.

Hace un año que a muchos no les ves, o les ves pero no les tocas. Cuando les ves, es sobre esa mascarilla que ya es un signo de los tiempos a quedar atrás. Todo tan poco natural como el aire contaminado que respiramos, tan artificial como ciertas relaciones que labra la era digital.

Reunidos de nuevo, vacunados de pandemias, recordáis cómo, de pequeños, veraneabais en esa España que dicen vaciada. Viaja la memoria a ríos y mares limpios en cuyas orillas quedabais magnetizados por el reflejo de la luz solar en el agua.

Es la oportunidad de tratarla de cerca de nuevo, de ir recobrando el contacto de la emoción más directa, del pensamiento en diálogo. Es el momento de revivir y retomar la oportunidad que creíste ahogada de entrar en las esencias de su intimidad. Es el momento de repensar la vida, de reconquistar el verde de la vegetación y el azul del cielo y el mar. Toca hacer balance.